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jueves, 22 de mayo de 2014

Más house cargado de funk de la mano de El Niño Andrés

Porque después de la infatuación llega la repulsión


Sé que podemos parecer pesados con este productor croata, pero es sorprendente que tan poca gente/medios (y si lo tenemos nosotros seguro que a webs y revistas más grandes que E&R también les ha llegado) den bola a la música que El Niño Andrés manofactura desde su sello Hija de Colombia. Si el pasado mes de marzo publicó ese pepino housero llamado Infatuación, mañana llega la parte que complementa este trabajo conceptual. Y si primero se hacía referencia a esa bonita sensación del comienzo de un enamoramiento, ahora tenemos su reverso oscuro: la repulsión por quién te hacía sentir mariposas en el estómago. Ese cambio es más que patente en los cuatro cortes que componen Repulsión, producido bajo los mismos parámetros que su antecesor. Maquinaría analógica para la percusión, uso de samplers de canciones clásicas y secuenciadores digitales. El resultado es el paso más sólido en la carrera de Anton Kordic.


A1, (otra vez los cortes no llevan título) ya te pone en antecedentes. Corte Housero con cierto aire melancólico para ir abonando el terreno con los temas que hacen a Repulsión superior a Infatuación con las dos bombas que llegan a continuación. A2 son nueve minutos de puro deep-house de carácter clásico americano (recordamos que esto procede de Bosnia ¡ojo!) con un gusto al alcance de pocos. Las líneas maestras de este productor quedan trazadas a la perfección con un equilibrio perfecto entre el bassline, la percusión (congas incluidas) y la sutileza del piano. No inventa nada nuevo pero sabe muy bien qué hace y cómo quiere hacerlo.

Pero lo que quieres es meter una marcha más, ahí está B1 mostrándose como la joya de la corona y la perita en dulce para todo dj. Diez minutazos de una fuerza funk de cariz oscuro, que a pesar de su repetición constante (o quizá por eso), es una delicia para mezclar y poner patas arriba cualquier sitio.

B2 cierra el E.P con otro track de una duración de 5 orgánicos minutos con un juego de pianos de toque jazzy muy reflexivo pero con indicios de optimismo. Esto es house y el house por mal que vengan dadas es felicidad. La séptima referencia de Hija de Colombia debería poner en el mapa a El Niño Andrés, ya que su música produce de todo menos repulsión.

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