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jueves, 27 de agosto de 2015

Dekmantel 2015: electrónica y naturaleza

Por Eduardo Pérez Galeto


Suele pasar que cuando a uno le hablan tanto y tan bien de algo, va con unas expectativas tan altas que la decepción está casi asegurada. Bueno, yo he viajado a Ámsterdam con ese miedo y debo decir que todo aquello que me dijeron, todo lo bueno que me contaron sobre Dekmantel, no era así: era aun mejor. Sorprende que en apenas tres ediciones el festival holandés goce de una veteranía a nivel organizativo y de actuaciones que ya quisieran muchos.


Es justo, antes de ponerse con las actuaciones, hablar de los elementos que componen el festival más allá del cartel por si nunca has estado y no sabes como es. El evento está instalado en un parque gigante casi a las afueras de la ciudad, un sitio precioso rodeado de árboles y naturaleza que proporcionan un ambiente único. La distribución del espacio y la ubicación de los escenarios es inmejorable, todo está cerca pero en ningún momento llega a solaparse el sonido de un escenario a otro ni a dar pereza ir a algún sitio como pasa en otros. En total son 5 escenarios, cada uno con sus particularidades: el Main Stage clásico, con un espectacular juego de pantallas no muy altas pero que formaban una semicircunferencia que arropaba al público que estaba más cerca de la cabina; la UFO, donde tenían cabida las propuestas más duras y experimentales del festival, una carpa grande y oscura a pesar del sol reinante en el exterior donde refugiarse si soportabas el calor humano; The Lab, escenario patrocinado por Red Bull -como no-, que era un invernadero de tamaño medio con suelo de madera y rodeado de plantas; Selectors Stage -o el de los chopos-, acogedor y rodeado de árboles, sin duda el escenario con más encanto del festival y con la música más alegre y bailable; y la Boiler Room, donde como es habitual a duras penas uno puede entrar a ver quién pincha pero muy disfrutable si lo de chupar cámara no va contigo y te quedas fuera a solas con la música.


-Viernes

Vamos a lo que interesa porque el cartel daba vértigo con solo mirarlo. Los solapes mortíferos estaban a la orden del día y había que tener muy claro qué ver en cada momento. El primer elegido –después de la primera y segunda cerveza, claro- fue Shed. Al igual que nos tiene acostumbrados en sus producciones, hizo una sesión de techno áspero entre rápido y contenido, supongo que por la hora. Salimos a dar una vuelta y comer algo –pasta, hamburguesas, patatas, batidos verdes, comida vegetariana…lo que quieras, ¡BIEN!- y aprovechamos para ver si Villalobos y Zip se estaban portando. Nada a destacar de su sesión, donde algún tema más housero y sus movimientos afeminados en cabina invitaban al baile más allá del minimalismo de siempre. No parecía ir muy estropeado y técnicamente eso se aprecia.

Con el estómago lleno volvimos a la UFO, donde esperaba uno de los niños bonitos del techno actual, Objekt. Empezó contundente, con bajos pesados y subido de bpm’s, para poco a poco ir intercalando temas de corte más marciano.


Mientras tanto, Madlib en The Lab tiró de hip-hop y turntablism que es lo suyo. Y llegó el primer solape mortífero, casi como elegir a quien se quiere más si a mamá o a papá, había que elegir ¿Robert Hood o Model 500?. Pese a lo diferente de su propuesta, uno sesión y los otros Live, uno techno más duro y los otros más clásicos y tirando de electro, optamos por el primero un rato e ir a ver cerrar a Atkins, Banks y compañía. Hood hizo lo que se esperaba de él, técnicamente impecable, contundente, llevando al público arriba y abajo. Cosas de la veteranía. Para un servidor, una de las mejores sesiones del festival.

Fuimos a presentar nuestros respetos a Model 500, que estaban con sus vocoders y su electro pasándoselo bien y haciendo esperar a Ben Klock –momentazo cuando fueron a avisarles de la hora y pasaron olímpicamente-.

Squarepusher cerraba el escenario UFO, presentando su Damogen Furies en directo y con sus locos visuales y su ya habitual cara tapada por algo parecido a un casco de apicultor. Sorprende ver la motivación de sus directos, siempre lanzando los brazos en cada beat a pesar de que el público se iba yendo poco a poco buscando emociones menos fuertes. Sus últimos trabajos van desde la IDM hasta los cortes de inspiración más drum&bass, con patrones rítmicos indescifrables y sonidos estridentes. Jenkinson nunca deja indiferente y el vaivén del público lo demostró. En el Main, Marcel Dettmann y su séquito cerraban masivamente la primera jornada del festival, pero nosotros no habíamos acabado aún porque tocaba ir a la after-party en Melkweg.

-Viernes noche

Cogimos un autobús lanzadera y en un rato llegamos al centro de Amsterdam. Melkweg es un local de varias plantas y cinco salas que alberga eventos musicales de cualquier tipo, pero esta vez la electrónica mandaba. El recinto recuerda y mucho al mítico Fabric de Londres, con escaleras, pasillos y accesos con mil combinaciones donde es fácil perderse. A pesar de que el cansancio ya había hecho mella en nosotros, quedaban varias horas por delante donde triunfaron Lone, Omar S y un cierre tremendamente divertido a base de house muy fresquito y bailable a cargo de Jeremy Underground, mi sorpresa más agradable de la noche. Nos acercamos a ver a Surgeon pero a esas horas el cuerpo nos pedía algo que no fuera techno de precisión y actitud aséptica a la que nos tiene acostumbrados el británico.


-Sábado

El sábado fue un día de transición. La noche anterior se alargó mucho y a pesar de mis esfuerzos por llegar a ver a Shackleton las colas en los cacheos de la entrada me lo impidieron. Por suerte, nada más entrar estaba John Talabot en la Main y allí nos quedamos disfrutando un rato de lo que parece fue en conjunto una gran sesión –una más, como siempre-, y donde comprobamos que, incluso en el extranjero, Talabot se ha hecho un hueco entre los must see de cada festival. 


Jackmaster andaba haciendo de las suyas en The Lab pero lamentablemente el escenario estaba desbordado y también hay que estar a gusto, así que fuimos a la Boiler a disfrutar de un pedazo de set de Mano le Tough a base de ritmos más relajados y bailables. Entró genial.

Mientras caían varias cañas –a mejor precio que en los festivales patrios, que tomen nota por favor- y escuchando de fondo la que estaban liando en el Selectors Floating Points, Hunee y Antal con disco, funk, house y lo que les saliera de las narices, hacíamos tiempo para el plato fuerte del día: Jeff Mills. 

Largo tiempo había pasado desde la última vez que lo vi, cansado de sus sesiones rápidas, planas y contundentes, pero su cambio en los últimos años quizá debido a su obsesión con el espacio y los ovnis hicieron de su set algo para recordar. Sobra decir que a nivel técnico fue de 10, pero se olvidó de su zapatillismo y entre varios clásicos –The Bells, como no- y jugueteos con sus cacharritos sonaba techno bien marciano de ese que te hace no parar de bailar y alucinar. Un cierre apoteósico.

-Domingo 

Después de un bien merecido descanso nocturno tocaba encarar con fuerza el último y glorioso día. Haciendo el camino a través del bosque para llegar a la entrada las piernas estaban como troncos y los ojos escocían pero uno sabía que Silent Servant estaba en la UFO y, tras un genial cierre en Sonar 2011, era un imperdible. El ex Sandwell District no pudo ponerse tan agresivo como esa noche, pero a cambio brindó un set muy inteligente para la hora y el público que había en ese momento. Sin dejar de lado la contundencia no estaba tan pasado de revoluciones –cosa que a las 15.00 de la tarde con la caña en la mano y el bocata a medio digerir no entra- y la selección de temas fue más que buena. 

A Monolake lo aguantamos un ratito pero se puso raro y hacía un día precioso para estar encerrado en ese horno así que fuimos a la de los chopos –escenario triunfador del día- donde Motor City Drum Ensemble estuvo tres horitas haciendo mover el culo al personal como locos.


A escasos metros, en The Lab, Helena Hauff demostró en hora y media porqué es uno de los nombres a tener más en cuenta en los próximos años: su sesión estuvo entre las mejores, su actitud –no hace falta tirar tartas, llevar un séquito, ir más puesto que Julio Alberto o hacer stage diving- contagiaba euforia entre sus bailes, tragos a la lata de cerveza y temazos de techno rápido, pesado y de corte industrial a ratos. Hizo una sesión de las que te dejan con ganas de más y eso siempre mola.

Tras el fallido intento de ir a ver a Clark al UFO –el caloret y vaporcillo que desprendía el sitio y las caras de algunos asistentes a esa hora daban miedo- hicimos un ratito de Donato Dozzy –bien, sin más- y otro de I-F. Este último fue una recomendación y la verdad es que acertaron de pleno: sesión divertidísima donde cayó italo, house, disco, Abba, y lo que le diera la gana al buen hombre. Cuando decidí acercarme a Hessle Audio Trio en plan despedida del escenario Red Bull sonaba el 'Fade to Grey' de Visage y la gente estaba que se subía literalmente por el árbol que había en el centro del escenario.

No sé qué nos llevó a un amigo y a mí a ir al Main donde estaban los alemanes Modeselektor junto con Siriusmo haciendo lo de siempre, pero mira por donde entre el cansancio, la bajona, las cañejas de última hora y unos visuales muy apañados fue bastante divertido. Lo único que no entiendo es, aparte de gritar y decir alguna estupidez, qué pinta Siriusmo en el directo. Si su única función al parecer es la de hacer de speaker como si fuera el dj del Chasis podrían contratarme a mí por la mitad.


En fin, una maravilla. Cartel y musicón; la gente más a gustito que Ortega Cano pero un buen rollazo y un respeto espectacular; el entorno idícilo y los precios razonables –dentro de lo que es un festival-, y aun habiendo aumentado aforo y asistencia no hay agobios ni colas para pedir o comprar tokens. Si te estás planteando ir a un festival extranjero en plan guiri el año que viene deberías tener a Dekmantel en primera posición, a no ser que saquen un cartel ruinoso, cosa que dudo. Además, Amsterdam es una ciudad preciosa y es la excusa perfecta para visitarla. Sorprende ver que en los tiempos festivaleros que corren, menos sea más. Sin necesidad de macroescenarios, donde apenas se ve al artista ni juegos de luces y malabares que distraen de lo musical, se puede organizar un evento que ya está entre los mejores del continente dentro del panorama electrónico. Si te animas a ir, es más que probable que nos crucemos el año que viene por allí.


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