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miércoles, 29 de junio de 2016

Sónar 2016, claroscuros en Barcelona

Crónica de la 23ª edición del festival barcelonés que dividió opiniones

Nunca antes una edición de Sónar fue tan pareja con la climatología que nos tocó vivir a todos los que estuvimos en Barcelona del 16 al 19 de junio. Siempre se ha dicho que el verano no comienza el 21 de junio sino cuando arranca el festival barcelonés pero esta vez las nubes y el agua sobrevolaron la ciudad condal dando poca tregua. En cifras el festival sigue siendo un monstruo de asistencia con unos números que pocos eventos en España (y mucho menos electrónicos) pueden lucir. Atendiendo a datos de la organización este año se han contabilizado 115.500 visitantes procedentes de 101 países (un 53% extranjeros y un 47% nacionales) con Sónar de Día reuniendo a 46.500 espectadores y la edición nocturna aportando 69.000, todo sin olvidar el congreso Sónar +D para profesionales que suman otras 4.700 almas. Se puede decir sin ningún reparo que, al menos en números, volvió a triunfar.



El festival ahora mismo es una bestia parda y con animales de esas dimensiones hay que darles de comer en cantidades generosas. En este mundillo hay que tener claro que solo a base de vanguardia y experimentación no te alimentas en condiciones, si acaso sobrevivir, y si por algo se ha caracterizado Sónar es por saber confluir el lado más arriesgado de la electrónica junto al más lúdico, festivo y, porqué no decirlo, masivo. Hay que recordar que en un Sónar Noche no tan lejano en el tiempo podías ver programado en la misma jornada (y casi a la misma hora) a Aphex Twin y a Steve Aoki, pero este año daba la impresión que la balanza caía por el lado más facilón y rentable para poder seguir engordando a la criatura. ¿Quizá para afrontar una futura edición que vuelva a dejar boquiabiertos a los de oído sibarita?. No lo sé, lo que sí se es que en esa tesitura se ha encontrado el festival este año y por ahí han venido todas las comprensibles críticas. ¿Dónde está el riesgo? ¿Dónde está lo nuevo? ¿Dónde está lo innovador? ¿Dónde está lo rupturista? ¿Dónde están los descubrimientos? Pues también ha habido de esto, en Sónar Día claro, pero había que rebuscar o darte de bruces con ello.

Y es que todas esas cuestiones ya se habían formulado desde un principio en cuanto la organización fue destapando sus cartas a lo largo de los meses anteriores de la celebración del macroevento, con especial ahínco en la edición nocturna, que no deja de ser la más festivalera, la más guerrera y la que más público absorbe a tenor de los datos antes mencionados. Si a eso el sumamos que su principal competidor, Primavera Sound, le había pasado por la derecha con directos electrónicos que eran carne de Sónar y que este año los promotores de la Off Week (toda la serie de eventos que se realizan de forma paralela al festival) se habían puesto las pilas; pues uno ya tenía que ir con el runrún de antemano. En algún momento de los últimos 8-10 años el festival debía tener algún bajón. Y ha sido en 2016. Se asume y punto porque la excelencia no es eterna.

Un servidor lo tenía claro desde el principio en vista del panorama previo: no iba a ser un festival de libreta en mano, iba a ser un festival de sensaciones. Por primera vez en un lustro no iba con un plan elaborado y estudiado al milímetro corriendo de un lado a otro para ver a X, a Y y a Z con la lengua fuera. Allí estaba para disfrutar y emocionarme, y si no me gustaba lo que veía, a otra cosa mariposa (saludos a Yung Lean). Sin ningún tipo de expectativa (bueno sí, dos de los que hablaré más adelante) y a dejarme llevar. El plan de no tener plan funcionó a la perfección porque a título personal a pesar de ser consciente de que estaba en una edición que iba a ser criticada hasta la saciedad ha sido una de las que más he disfrutado. A pesar de la lluvia, a pesar del cansancio (que una persona cubra todo desde primera hora es agotador), a pesar de no haberme tomado ni un mísero cubata y ni mucho menos haber coqueteado con la química propia de este tipo de encuentros electrónicos; uno se lo ha pasado pipa como espera hacer el año que viene porque como dijo Boskov: Sónar es Sónar.

Pasemos a destacar el plano artístico.

-Top 5

No lo pongo en orden de preferencia sino en orden cronológico y que cada uno extraiga sus conclusiones.

Nicola Cruz, el triunfo del House andino

Es cierto que la música de este artista nacido en Francia pero de raíces sudamericanas y residente en Quito puede resultar pesada a quien no tenga mucho aguante con el folclore peruano; pero su mezcla de música andina con House de tempo lento y sedoso tiene un efecto hipnotizador y cósmico como si comieras ayahuasca a dos carrillos. Para haceros una idea su sonido, tiene muchas similitudes con Nicolas Jaar pero como si se hubiera apoderado de él el espíritu de Atahualpa. En muchas crónicas se destaca cuando tocó 'Sanación' (quizá por ser el documento oficial que existe en Youtube); que no os engañen, el primer y más potente rugido del público Sónar 2016 fue al ritmo de su remezcla de 'Existencia' en su tramo central. La piel de gallina. Esta edición no empezaba tan mal.


El Niño de Elche + Los Voluble, cuando la reivindicación se convierte en fiesta

El espectáculo Raverdial del combo que forman El Niño de Elche y Los Voluble fue una de las sensaciones del año pasado y eso les ha valido para repetir en 2016 en el mismo escenario (un SónarComplex abarrotado que presentaba una cola tremenda) con un nuevo proyecto llamado En El Nombre de... . Y volvieron a incendiar el patio de butacas. El cantaor acompañado por Raúl Cantizano y Pablo Peña y una serie artistas visuales nos dieron a todos una patada en la boca del estómago con un discurso político basado en las fronteras tanto españolas (playas del Estrecho, Valla de Melilla, etc) como europeas (refugiados sirios). Crudo y removiendo pensamientos y convicciones. "El miedo como zona protegida por el miedo" o "¿Por qué corren?" eran unas proclamaciones para la media hora más incómoda directa a las conciencias occidentales. Y cuando más tocado y conmovido estabas, su discurso viró al amor libre y a la lucha por la igualdad de LGTB (con proyecciones del fallecido Shangay Lily entre otras) que acabó convirtiendo los amargos tragos de saliva del respetable en un baile por la libertad absoluta. Su próxima actuación no debe de ser en un festival, debería ser en Estrasburgo o en Bruselas.


-Soichi Terada, el nipón que reparte sonrisas y housazo noventero

Del bueno de Soichi se podrían decir muchas cosas. La primera es que en buena hora lo rescató Hunee del olvido. El japonés fue de las gratas sorpresas de la edición nocturna. Posiblemente el que mejor rollo logró transmitir con un directo en el que no faltaron sus sonrisas, sus ánimos con un inglés rudimentario, sus camisas de colores y sus temas de antaño extraídos de esa delicia de compilación de Rush Hour que es Sounds For The Far East. Momento álgido con su animoso 'Low Tension'. ¡Si el maestro Kerri Chandler le sacó al escenario y le levantó la mano como si hubiera sido el vencedor de un combate de boxeo!. Soichi no paraba de sonreír al conquistar Europa, nosotros tampoco.


-James Blake, no solo el lacónico tipo de las flores mustias

Tras haberme chupado todo el drama de ANOHNI, no me hizo ni pizca de gracia que mis acompañantes quisieran ver a James Blake. De verdad que no tenía el cuerpo ni los ánimos para más canciones tristonas y más cuando reconozco abiertamente que su último disco, The Colour In Anything, se me hace muy cuesta arriba. Y parecía que el príncipe del neo-soul venido del dubstep iba a tirar por su lado lacónico en el SónarClub hasta que apareció Trim en el escenario y se arrancaron con 'Confidence Boost'. Punto de inflexión y el concierto cambio de signo por uno con más rabia y fuerza. Las flores mustias que evocan sus gorgoritos fueron pisoteadas por el baile cuando sacó su lado 1-800 Dinosaur para luego volver a uno de sus clásicos como es 'Retrograde'. Nos metió su melancolía con vaselina y sin dolor. Por cierto, la retransmisión y la grabación de YouTube de Culture Box no hace justicia al sonido que se vivió en directo. Ni por asomo.

-Howling, la verdadera indietrónica de calidad

Los últimos que cierran este Top, pero no menos importantes, son el dúo formado por Frank Wiedemann (50% de Âme) y el cantaautor australiano Ry Cumming que directamente enamoraron. Así de claro. Una hora para presentar su álbum debut, Sacred Ground, para cerrar el escenario SónarHall con su sonido que mezcla la tradición indie-folk con el House centro-europeo plagado de delicadeza. Acompañados de un baterista y con una puesta en escena sobria y efectiva arrancaron un concierto que para los que se pensaran que sería algo lánguido se llevarían la primera en la frente. Los bombos y los sintes tenían la misma importancia que los punteos de guitarra y las letras sensibleras de Ry. Combo perfecto que caló desde el primer momento. Desde que tocaron 'Signs' hasta que cerraron con 'Stole The Night'. Entre medias se atrevieron con un cover de 'Everything In Its Right Place' de Radiohead y con uno de los momentos más mágicos de todo este Sónar: cuando acto seguido tocaron su hit 'Howling', que consistió en una primera parte con la fuerza del original y una segunda reforzada con la famosa remezcla de Âme. Todos aullamos, todos nos sonrojamos y todos sentimos una emoción desbordada. El que suscribe -que reconoce que en el fondo es un blando y un mierda- no sabía si saltar, bailar, cantar, llorar, mandar un Whatsapp de esos de los que luego te arrepientes, meterle mano a la tipa de la izquierda que me estaba pegando melenazos en la cara, abrazar al colega que tenía a la derecha o todo a la vez. Al final opté por lo más sensato, dejar constancia de aquello. ¿Veis como no iba del revés?


-Aquí se viene a bailar

Ha habido mucho baile en esta edición de Sónar Festival. Eso lo ve un ciego. Ya el jueves quedó claro en el Village con unos animosos Acid Arab que fueron los primeros en despertar al público con su mezcla de música tunecina bien sazonada con elementos del Acid House más añejo. La combinación funcionaba a ratos porque a algunos se le podía hacer demasiado exótico pero desde luego que era una buena forma de arrancar al personal los primeros contoneos festivaleros.



Del mismo modo pero a primeras horas en el SónarDöme fue lugar idóneo para disfrutar de los directos de JackWasFaster y TALKTOME el viernes y sábado respectivamente.

El madrileño con una música que bebe del Disco más oscuro con ramalazos Cosmic y Balearic a no más de 100 BPM´s que sin embargo no se hace nada densa. Algunos dicen que tiene cierto ramalazo a Weatherall pero a mis se me asemeja más a un Cliff Martinez cuando firma las BSO de las pelis de Nicolas Winding Refn, y es que temas como 'Bitter Pill To Swallow' es puro The Neon Demon, así que lo que comenzó con el público sentado acabó en alegre contoneo del personal.



El de Reus, por su parte, le tocó lidiar con un público cansado de la noche anterior. Su directo estaba lleno de temas inéditos, era la primera vez que se presentaba en este formato y cumplió con nota. Sonidos de sesgo synth-pop aterciopelado y elegante para no quemar naves antes de tiempo. Los más madrugadores y los que no habían dormido lo agradecimos.



Sin movernos del Döme también hubo un jaleo del bueno con los Tuff City Kids que mezclaron un directo con un dj set haciendo que el jueves a última hora la zona comisariada por Red Bull fuera un lugar idóneo donde encontrar calidad pistera de la mano de Gerd Janson y Lauer. El otro lugar para hallar lo mismo pero con unos mimbres más melódicos, fue el directo de David August en el SónarHall. Alejado de conjeturas más clásicas y con cierto aporte experimental, acompañado de un guitarrista y un batería se marcó el Kiasmos de este año en concepción musical, y aunque el hombre de las baquetas tuvo alguna que otra desincronización no evitó el éxtasis para cerrar la primera jornada del festival.

En SónarHall también se pudo disfrutar de una de las actuaciones más interesantes y acertadas como la del etíope Mikael Seifu y una electrónica africana que recordaba en cuanto a percusión a un sonido muy de Four Tet. Por cierto no me preguntéis por las siete horas del británico en SónarCar porque no llegué a entrar.

Mucho baile también con propuestas más exóticas como unos divertidos Ata Kak que trajeron la alegría africana al SónarVillage. También desde el continente negro venía Nozinja y se encontró con una tromba de agua que le hizo pinchar para gente refugiada bajo techo y algún que otro valiente que desafiaba a la lluvia. Tuvieron que tapar el equipo antes de que hubiera un temido cortocircuito.




Para el cierre de SónarDöme presentaba un aspecto inusualmente desangelado en una de las actuaciones que más prometían y que más dieron como fue el directo de Magic Mountain High. Pero claro, es que la verbena pura y dura a base de House clásico estaba en el Village con Busy P y su showcase de Ed Banger Records. No se complicaron mucho la vida y se dedicaron a divertir a la gente con temas reconocibles para los que ya llevamos unos años en esto. Tuvo su punto entrañable para cerrar -sin pensar mucho, ni hacer preguntas- la edición diurna de Sónar.

-Asesinos natos

Si por algo será recordada la edición de noche de este Sónar 2016 será por la supremacía del Techno y los que sobresalieron por encima de la media fueron el equipo formado en cabina por Helena Hauff y Ben UFO. La brutalidad la servía la alemana de forma impasible y el británico le seguía el juego con suma elegancia. No dejaban títere con cabeza y si bien es cierto que no arriesgaron y tiraron de 4x4 exclusivamente, la variedad y consistencia dentro de su Techno (podía ser oscuro, seco, ácido y hasta con hechuras de EBM) estaba fuera de toda duda. Todo sin un fallo técnico. Una salvajada que ni siquiera el calabobos que estaba cayendo hizo que se moviera ni un alma del SónarLab. Hostias como panes que sabían a gloria.


Antes que ellos estuvieron en ese mismo escenario Hot Shotz, o lo que es lo mismo Oscar Powell y Lorenzo Senni. Programados a una hora infame que solo disfrutaron no más de una centena de personas (siendo generoso) a unas horas tempraneras. Ambos fueron a volar cabezas con sonidos duros y muy raveros. Pocas concesiones y mucha locura. Les faltó tirarnos barro desde cabina para que nos trasladaran a la campiña inglesa de mediados de los 90.



Si hablamos de Sónar Día lo de Club Cheval fue directo de los que animan y entorilan cualquier sarao. El Dôme era puro fuego y desenfreno.

-No para todos los públicos

Ya hemos comentado antes que lo de ANOHNI fue un drama. No es que la actuación saliera mal, ni mucho menos, es que la hipersensibilidad mostrada por Antony Hegarty escoltado en el escenario por Hudson Mohawke y Oneohtrix Point Never mientras desfloraban su reivindicativo Hopelessness era para tener los ojos llorosos. Particularmente a mi me encantaron porque apoyados en unos magníficos visuales de caras de diferentes mujeres (Naomi Campbell incluida, primero con sugerentes bailes y al final del concierto como un mar de lágrimas) que acompasaban con sus labios lo que el líder de Antony And The Johnson cantaba bajo un burka con una sincronización que asustaba; llegaban a tocar la patata y traspasarla. Temas como 'I Don't Love You Anymore', 'Degree', 'Obama' o 'Drone Bomb Me' te petrificaban y revolvían. Por eso entiendo a los que fueron y no lo aguantaron, ni lo comprendieron. Cuestión de sensibilidades.

Para escuchar a Oneothrix Point Never, y sobre todo su último disco, tienes que ir con cierta predisposición y ni con esas puede que soportes los latigazos tanto vocales (manipulados, obviamente), como guitarreros y melódicos que Daniel Lopatin atesora para presentar su magnífico y arrebatador Garden Of Delete. Trance warpiano y una puesta en escena sencilla y simple con unas visuales bastante caóticas. Nos retorció a todos como distorsionaba su voz a su antojo y lo potenciaba con riffs infernales del guitarrista que le acompañaba. Fue muy potente y dejaba absortos a los allí presentes por la abstracción de su música. Hubo gente que abandonó el barco ya que su actuación acabó con menos público que la expectación levantada al comienzo.



-División de opiniones

El dúo Bob Moses es de esos casos en los que adoras sus primeros EP´s en sellos pequeños pero que cuando fichan por uno grande y se hacen famosos te dan pereza porque su fórmula popera predomina sobre la housera. Y eso es lo que les ocurrió. Cuando recurrieron a temas como 'All I Want' o 'Grace' la cosa funcionaba, cuando repasaban su disco Days Gone By el ambiente se apagaba. Y más tras la tierra quemada que había en el Village por el paso de The Black Madonna. Aún así su directo hubiera lucido más en un espacio más reducido y no en la inmensidad del escenario principal.

Con el espectáculo de Kode9 x Lawrence Lek present The Nøtel hay que aclarar dos cosas. Una es la parte musical del capo de Hyperdub y otra las visuales que se prometían ser muy reivindicativas y que acabaron dando la impresión de ser una chapuza. Por un lado la música de Kode9, que te puede gustar o no pero que es diferente y tiene personalidad propia; pero su compañero a las visuales reventaba cualquier tipo de clímax. La cosa empezaba muy bien con puyas a la economía, indice nasdaq mediante para acabar en un recinto a modo de drone que recorría sus estancias como un alegato a la falta de privacidad que tenemos. Hasta ahí todo bien, el problema es que las aventuras en primera persona del drone se hacían cansinas y repetitivas y no dejaba de flotar la sensación que en realidad Lawrence Lek se estaba echando una partida a la Playstation 2. Solo el homenaje al malogrado Rashad levantó algo la soporífera metáfora; mientras que musicalmente Steve Goodman también tuvo un emotivo recuerdo para su amigo y socio The Spaceape.

La Underground Resistance dio la de cal y la de arena en la misma actuación. El proyecto Timeline que junta sobre el escenario a Mike Banks y Mark Flash juntos otros dos músicos de Detroit fue la bipolaridad en persona. Por suerte llegué a la segunda parte del set, cuando el Techno era tocado y en la parte final se animaron con covers de 'Strings of Life' y 'Jaguar' para regocijo del personal, pero los primeros veinte minutos de su actuación consistieron en un dj set de Mark Flash que fue por lo visto fue de vergüenza ajena con errores propios de alguien que lleva menos de una semana pinchando. Sensación de verbena (deplorable en su primer acto, divertidísima en el segundo) y a facturar.



-Ni fú, ni fá

Posiblemente estar con toda la alegría en el cuerpo que habían dejado Acid Arab hizo que la humareda de King Midas Sound junto a Fennesz no entrara todo lo bien que tendría que hacerlo. Muy densos y con pocas ganas de reventarnos el pecho con los potentes subgraves del Sónar Hall (solo hubo ciertos amagos). Se pasaron de atmosféricos y pelín anticlimáticos a pesar de los esfuerzos de hacernos creer que estábamos en las cloacas de una urbe.

Marea Stamper aka The Black Madonna es una campeona. Todos lo sabemos. La de Chicago se ha ganado a pulso su fama por el musicon seleccionado de forma cuidadísima que suele repartir. Pero sinceramente, no entendí un carajo de lo que quiso hacer en su set en Sónar Día. Fueron bandazos de un lado a otro sin ton ni son ni un mínimo de lógica y criterio. Y que lo diga un tipo que se considera muy ecléctico tiene delito. Quizá la mujer se vino arriba con tanta gente delante, con el sol de cara o qué se yo, pero su actuación, aunque hizo bailar, no tuvo ni pies, ni cabeza. Comenzó energética y le faltó tiempo para tirar de zapatilla pura y dura prácticamente desde los primeros compases y durante una hora para pasar al House y a Disco, que es lo que uno se esperaría y lo adecuado para esas horas, y que momentos como el 'Music Is My Way Of Life (Joey Negro Funk In The Music Mix)' de Patti LaBelle marcaban la senda a seguir (incluso con licencias divertidas como el 'Sing Sing Sing' de Benny Goodman) de ser divertida pero no pasarse de revoluciones. Todo un espejismo porque optó otra vez por ir a degüello o directamente recurrir al '20hz' de Capricorn. Se flipó y no era el momento de apretar tanto las tuercas al personal. El marrón se lo comieron Bob Moses, que a su lado eran pura gaseosa.


A Jean-Michel Jarre hay que hacerle reverencias. Su show fue  técnicamente de aúpa. Un espectáculo digno de su legendaria figura. Y tocó clásicos de su carrera como 'Oxigene 2' y lo que muchos esperábamos: 'Equinoxe 4'. Pero fue alejarse de la nostalgia de aquellos trabajos e ir al bakalao ramplón de sus nuevos discos y todo se diluyó como azucarillo en el café.

A ver muchachada, que Richie Hawtin no haga una basura de set basado en el caniqueo a que haya vuelto a sus viejos tiempos de gloria hay un trecho. Hawtin dominó como solo él sabe el Sónar Club tirando de temas de su From My Mind To Yours, pero aunque se atisbaba algo del antiguo Hawtin, todavía no ha sacado sus garras. Fue apañado dando a la gente lo que necesitaba sin caer en la vagancia más evidente de un sonido desfasado. Suficiente.

-Los desconciertos

No contamos al pobre Yung Lean porque soy una persona que le cuesta pillarle el punto al Trap (aguanté siete minutos en un SónarHall lleno de público teenager) y sería injusto darle cera pero en ese sentido el que pinchó en hueso de forma clara fue El Guincho. No sabemos si por su propuesta, por el escenario en el que tocó (el Village a pleno sol no ayudaba, quizá algo más íntimo), la hora (viernes al mediodía) o vaya a saber usted qué; pero hacía tiempo que no veía una desconexión tan grande entre artista y público. Apenas había reacciones entre canción y canción de su último disco Hiperasia y daba la sensación de que la gente estaba ahí por pura inercia, como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer. Más movimiento cuando recurrió al material tropical de Pop Negro pero ni aún así. Si es que fue acabar y se puso a llover. Este hombre traía la negra encima.

Lo de Kenny Dope fue una tomadura de pelo. Viejas glorias que optan por un Tech-House facilón, resolutivo y plano que espanta al purista y que encandila a la clientela de Bershka.

John Talabot tenía todo para haberse marcado la sesión histórica de esta edición. Jugaba en casa, escenario abierto en Sónar Noche siendo el encargado de poner la música al amanecer y, por suerte, la intermitente lluvia daba un respiro. Además, por diversas fuentes cercanas, sabíamos que se había preparado el set a conciencia. E incomprensiblemente falló el tiro. Y no sabéis lo que me duele escribir esto, pero no solo fue mi sensación sino la de muchos otros que estuvimos en el SónarPub con cara de póker para finalmente abandonarlo. El barcelonés optó por el Techno para morir matando y la sensación fue que, aunque la idea no era mala sobre el papel, la cosa no acababa de arrancar porque para zapatilla (que ya habías escuchado toda la noche) tenías a DVS1 y Røhdåd en el otro escenario al aire libre. Daba la impresión que se traicionó a sí mismo para contentar a los que necesitaban candela de la buena en un ambiente algo enrarecido. Poco rastro de su personal toque cálido, melódico y de rarezas discoides que tanto le gusta sacar a pasear al catalán con sus guiños techneros que siempre tiene. Él poseía la fórmula de la felicidad que muchos buscábamos y no la utilizó. Así que con las mismas nos fuimos. ¿Cumplió? Sí. ¿Se esperaba mucho más de él dadas las circunstancias? Infinitamente más.

-Y el Tito Laurencio ¿qué?

Mi Sónar Noche del sábado se puede reducir a pasar corriendo por el Sónar Club donde unos cascados New Order tocaban 'Love Will Tear Us Apart' para finalizar su concierto para llegar a primera hora para ver a Laurent Garnier durante siete horas. Un lujo que pocas veces vas a tener el privilegio de asistir. Y es que tanto tiempo da para mucho, y más para un maestro que ama tanto la música, por lo tanto uno solo podía esperar un desarrollo épico tocando todos los palos.

Pues nada de eso. Sí, Garnier comenzó con Bob Marley. Sí, también le dio por temas de House clásico tirando de cositas de Frankie Knuckles. Sí, se marcó un breve periodo de tiempo (no más de 20 minutos) con House discoide a bajas revoluciones. Pero luego tiró por la autopista que mejor conoce: el techno melódico. Y lo hizo durante tres horas y pico. A mi ese rollo me chifla pero no era lo que esperaba. Tener que recurrir de un tema tan quemado como 'Rej' a la hora de la actuación ya te pone en alerta. Y no lo hizo mal pero le faltó mucha variedad que se le presupone a una figura como él. Algún remix de New Order, algún toque Housero y cierta predisposición por temas algo más jazz y tropicales sobre las 4:30 para luego volver a su base.


No estuvo nada mal pero todos en nuestro fuero interno sabemos que podía haber dado mucho más de sí, sobre todo en las primeras horas donde puede explayarse y tirar de rarezas como en su programa de radio It Is What It Is. Pero decidió captar la atención sin andarse por las ramas. Opción legítima pero decepcionante para los que esperamos más del autor de Electroshock. Finalmente mi cuerpo dijo basta a eso de las cinco de la mañana y me despedí de Sónar mientras que Fatboy Slim estaba con su (carísima) barraca de feria.

Si hablamos de SónarCar como espacio para desarrollos de sesiones largas por dos vacas sagradas sacrificando otros artistas más arriesgados a mi me parece un acierto siempre que se ubiquen a estos últimos en otros escenarios como el caso de Hot Shotz. Otra cosa a discutir sería si el horario es el adecuado. El único problema de hacer un SónarCar a lo Despacio han sido los embotellamientos a la entrada y salida en el caso de Laurent Garnier.

-Por los pelos

Me encantaría escribir con detalle sobre los conciertos de bRUNA y Wooky con Alba G.Corral a las visuales, sobre las peripecias de Flume, los temas de Mano Le Tough, el jazz de BadBadNotGood, la ufotrónica basada en frecuencias de Ilia Mayer o el grime de Lady Leshurr. A todas ellas llegué o bien en su tramo final o solo vi su comienzo con lo que tampoco estoy capacitado para hacer un análisis exhaustivo aunque todos ellos dieran buenas sensaciones.

-Cosas que me perdí y no me hubiera importado ver

James Rhodes, Zero vs Chelis (juro y perjuro que estaré en su visita a Madrid), Mura Masa, DJ EZ, Bicep, el showcase de Raster Noton con unas colas kilométricas para acceder al SónarComplex, algo de las siete horas de Four Tet, Santigold, Kelela (que también me perdí en Mula Fest), 65daysofstatic plays no man's sky, Sevdaliza, Gerd Janson, Jacob Korn o Lafawndah. Uno no se puede dividir, ni ser omnipresente.

-Sónar +D, SónarPlanta y otras consideraciones

Este año pise poco el congreso Sónar +D, lo justo para juguetear con la nueva mesa de Richie Hawtin que directamente no es para mi, tocar un poco un Novation MiniNova que es un sinte la mar de intuitivo y hacer lo mismo con un Octatrack. Todo a primeras horas. Lo que sí que se notó es que el futuro está en las impresoras 3D.


Donde sí nos tomamos más tiempo fue en la instalación de SónarPlanta con la interesante propuesta de Semiconductor llamada Earthworks donde advertían sobre las amenazas y riesgos de la era del Antropoceno. Con el movimiento sísmico de la Tierra creaban unos sonidos e imágenes naturales coloristas como si de una lámpara de lava multicolor se tratara donde te podías quedar un buen rato observando. Pocos fueron los que leyeron el meollo del asunto y preferían sacarse un selfie con esa visual expresionista de fondo para acumular corazones en Instagram.

En cuanto a la oferta gastronómica de este año, comer en el área Pro con sus chefs y tal, no era una opción viable si ibas algo pillado de dinero (dos menús uno de 12€ y otro de 24€) pero los foods trucks del Village triunfaron bastante, sobre todo el mexicano.

Por cierto, este año los precios se han mantenido y el invento de la pulseras de cashless sigue siendo bastante cómoda. Solo me han sobrado 50 céntimos, vamos calibrando mejor.
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Fotos y vídeos: E&R

1 comentarios:

Alejandro dijo...

Pues que pena que ni comenteis a Golden Bug con Disiliance en el Complex. lo mejor y lo peor programado.

Una maravilla