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jueves, 23 de marzo de 2017

Nathan Fake, el resurgir del poder melódico

Estuvimos en el concierto del de Norfolk en Madrid donde presentó su último álbum Providence

Don Nathaniel Paul Fake. El británico es uno de esos artistas que merecen ser reconocidos de forma señorial y solemne. Pocos pueden presumir de ser una de las figuras más carismáticas de la electrónica del nuevo milenio, todo eso teniendo en cuenta una carrera que aún no llega a los tres lustros, con cuatro LP´s en el mercado y con apenas 15 EP´s publicados a sus espaldas. Pero él es el creador de la obra maestra de la pasada década ‘The Sky Was Pink’ que fue perfectamente apuntalada por su amigo y descubridor James Holden en Border Community. Un lugar que fue su casa discográfica prácticamente durante toda su carrera hasta hace tres años cuando comenzó a volar solo montando su propio sello: Cambria Instruments.


Este hecho no es baladí porque su ruptura con Border Community trajo consecuencias. La más evidente ha sido un parón creativo a la hora de realizar un nuevo álbum que le ha dejado cinco años en el dique seco ¡Estamos hablando de un tercio del tiempo de su carrera profesional! Además por primera vez ha editado un trabajo en largo fuera de la influencia del sello al que su nombre y sonido irá unido siempre. Y eso se ha de notar se quiera o no. Ninja Tune, otra etiqueta de culto, ha sido quien se ha apuntado el tanto de rescatar al británico, al menos editorialmente, con la publicación de Providence el pasado mes de marzo que lo llevó a presentar en sendos conciertos tanto en Madrid como en Barcelona.

Presentes como un clavo en la capital, el recital se llevó a cabo en la céntrica Sala Shoko. Un lugar con una acústica y sonido muy interesante que está desaprovechado para eventos electrónicos: pocos conciertos al año de este género y ninguna sesión nocturna del género. Allí el evento lo abrió Huma con un Drömnu a las visuales. Ambos coincidieron en la última RBMA Bass Camp en Madrid y volvieron a Madrid como teloneros de Fake repartiendo una buena dosis de sonido experimental, noise y glitch que, siendo francos, dejaba algo patidifusos a los que iban llegando. Una abstracción sonora que además golpeaba fuerte por el equipo de la sala.

Pero más atónitos nos quedamos cuando en el intermedio entre los teloneros y el artista principal la organización tuvo el tacto de poner ‘Soopertrack’ de Extrawelt como hilo musical mientras se hacía el cambio de equipos. Efectivamente, una de las producciones más conocidas publicadas en Border Community. Ahí, poniendo el pasado de Fake bien presente. El que pensara, como un servidor, que su concierto sería corto –recordamos que Providence es un disco que apenas supera los 40 minutos a pesar de sus 12 cortes- aquí podría encontrar una justificación para que el británico se marcara un clin clin caja de categoría.

¡Pero cuán equivocados estábamos los de ese pensamiento! Un Nathan Fake -con unos pelos propios de Robert Smith- subió al escenario no con demasiados cacharros y su laptop y comenzó a desentrañar su álbum. Un disco donde el Korg Prophecy domina sobre todas las cosas y que para mi gusto es un trabajo de bocetos con ideas muy interesantes que suenan de vicio pero que no termina de desarrollar ni explotar del todo con honrosas excepciones como pueden ser los temas ‘DEGREELESSNESS’, ‘SmallCityLights’ o la maravillosa ‘RVK’ que por supuesto sonaron. Y sonaron a gloria.



La jugada maestra del británico, y que le hace ganar muchos puntos, es el desarrollo de esas ideas en el directo; convirtiendo Providence en todo un tsunami de arpegios que van y vienen con unos ritmos que te golpean en el pecho. Tanto que en la sala dejaron de sonar los altavoces del fondo. Y allí estuvimos todos zambullidos en los viajes sonoros y tremendamente emotivos del de Norfolk con unas visuales que a veces parecían cutres y otras veces maravillosas que casaban a la perfección con ese toque melódico volador como si nunca se hubiera marchado del sello de Holden y hubiera puesto a punto ese sonido neo-trance que nos cautivó la pasada década.


Al final tuvimos casi una hora y cuarto de concierto que superó las expectativas con un Nathan Fake entregadísimo, y sin necesidad de recurrir a su gran obra maestra (que sí que tocó en Barcelona), que nos volvió a poner en órbita a los amantes de la melodía. Tan colosal con los ánimos tan arriba habiendo consumido solo una cerveza que tuvimos que buscar otras opciones para continuar con la farra cuando nos vimos en la calle Toledo a las 23:30 de la noche. Pero esa ya es otra historia. A sus pies Don Nathaniel.

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