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miércoles, 27 de junio de 2018

El Paraíso que necesitábamos

Así vivimos la primera edición de Paraíso


Madrid siempre ha sido un lugar de arenas movedizas en cuanto a festivales de electrónica con artistas punteros se refiere. Tenemos clubs, tenemos colectivos con propuestas interesantes debajo del brazo, tenemos una escena que -con sus particularidades- presenta ciertas inquietudes, tenemos talento y ganas pero lo que siempre ha faltado ha sido un festival donde todo eso cristalice y nos haga sacar pecho no solo más allá de los Pirineos sino más allá de Navacerrada. Ese espacio en cierta medida lo rellenaba Klubbers Day, sobre todo con unas magnificas y punteras dos primeras ediciones hace 12 y 11 años respectivamente, pero hace más de un lustro que dejó de celebrarse. Desde entonces la nada en cuanto a eventos masivos con algo de sustancia se refiere. Festivales muy minoritarios o pastiches como Utopia que no pasó de una primera edición. Por eso cuando se anunció Paraíso, por mucho que José Morán como responsable de FIB hace años estuviera involucrado la desconfianza planeaba en el aire. Unas dudas que desparecieron con los dos primeros avances. Bueno, qué deciros si nos habéis estado leyendo durante los últimos meses.


Con un cartel ideado para un público adulto musicalmente hablando, el inevitable reflejo de Paraíso es Dekmantel, sobre todo si nos ceñimos a dos de sus tres escenarios con carpa y bola de espejos incluida -el Club y el Manifesto by Absolut- y por la selección de artistas que pasaron por ellos, más enfocados al dj set en su gran mayoría mientras que el escenario principal situado en el campo de rugby de Cantarranas -que recordaba más al del festival de Benicàssim- se centró en los directos. Con todas las cartas sobre la mesa esta primera edición de Paraíso arrancaba el 8 de junio y lo hizo con una invitada inesperada por estas fechas: la lluvia durante la mañana y primera hora de la tarde que obligó a retrasar la apertura de puertas por temas de seguridad. Un handicap, que nerviosismo a parte de los primeros en llegar, se resolvió con solvencia.

Esa espera sobrevenida fue uno de los contras de esta primera edición pero no el único. Entre los debe de cara a 2019 está la mejora del sonido que en el escenario Club por momentos le faltaba algo de fuerza y contar con artistas locales que fueron muy residuales y, en definitiva, tener en cuenta a los colectivos que hacen escena en Madrid más allá de vender entradas a precios promocionales.


Más allá de eso, pocos peros se le puede poner a un festival que ha apostado por la calidad musical. Eso se notaba entre el público que según los datos de la organización fueron 18.500 asistentes a lo largo de dos días con un 70% procedente de la Comunidad de Madrid, un 20% del resto de España y un 10% de otros países. Un buen rollo que no sé hasta qué punto se transmitía desde la cabina a la pista o viceversa donde todo el mundo bailaba en igualdad y, lo más importante, con ganas. Pocas veces se ha visto tanta unanimidad en redes sociales cuando la organización publicaba algo, y más siendo un país en el que nos gusta sacar punta a todo y dar rienda suelta al troll/hater que llevamos dentro. Desde luego que el gran éxito de Paraíso de cara al exterior es esa buena imagen de cara al exterior que se ha dado.


Soy consciente que esta crónica llega tarde y que diferentes medios ya os han contado con pelos y señales los highlights del festival. De la noche del viernes sin ninguna duda lo más destacado eran los directos de HVOB y Larry Heard. Los primeros con su electrónica luminosa y con aires pop conquistó el escenario Paraíso mientras que Larry Heard bajo su aka Mr Fingers y acompañado de Mr.White hicieron un correcto directo de House puro y duro en el que solamente por sonar clásicos como 'The Sun Can't Compare' (cantando ambos a la vez) o 'Can You Feel It' iba a encadilar a todos los allí reunidos, que no fuimos pocos. Es lo que tienen las leyendas vivas.


Pero en esta primera noche hubo una serie de sorpresas que son dignas de mención y casi todas desde el a priori escenario más pequeño. Comenzando por un Tako que a primeras horas supo llevar el pulso de su set engatusando a la gente que se iba reuniendo allí. Se lo puso en bandeja a Jamie Tiller que no dudó en invitar al alemán a que se pusiera unas coplas más por el buen trabajo realizado.

Manifesto se presentó como el lugar más clubber para los más sibaritas de oído y también para el público foráneo y francamente el ambiente que se respiró allí fue muy auténtico. Sonrisas y buen rollo combinados con frenéticos bailes cuando Yaeji comandó el escenario. La neoyorquina de origen coreano fue todo un terremoto incendiendo al personal con un house energético donde las vocales las ponía ella en directo. Sí, pensabas que sonaba el clásico loop vocal de un tema pero era la propia artista quien lo cantaba. El resultado era un chute de euforia y saltos alocados. Muy ravero todo. Muy mágico.

Tras el terremoto llegó el tornado para cerrar esta primera jornada. A Tornado Wallace ya le hemos visto lo que es capaz de hacer en horas tempraneras pero había ganas de saber cómo se desenvolvería cerrando un festival y con los ánimos por las nubes. El de Melbourne se adaptó a la situación a la perfección y optó por continuar a degüello con un house clásico retorciendo el colmillo con algo de ghetto e incluso teniendo un guiño al pasado recurriendo al 'Touch Me' de Rui Da Silva en momentos finales de su set, un track conocido por todos pero sorprendentemente poco quemado desde su publicación a comienzos del milenio. Para terminar de coronarse cerró su set con la pegadiza melodía del 'OAR003 B' del sueco Oni Ayhun.


Precisamente ese track no sería la última vez que sonase en ese mismo escenario. Al día siguiente Yanik Park con un horario extendido ante la baja de Kalabresse volvió a pincharlo, esta vez a primeras horas de la tarde en un set acertadísimo que enganchó a la gente que poco a poco fue convirtiendo este pequeño escenario en el gran punto de ebullición del festival.

Antes de eso, unas voluntariosas y poderosas Ibeyi trataban de animar al personal bajo, ahora sí, un sol de justicia en el escenario principal. Pero entre las horas tempraneras, las resacas del día anterior y que cantar en inglés no es algo por lo que se distinga al público medio-español el inventó no funcionó más a allá de unas animadas primeras filas. El resto disfrutamos del concierto de las hermanas Díaz de forma mucho más tranquila. Eso sí, estás chicas en otro horario podrían haber sido uno de los highlights del festival.


En el escenario Club estaba Henry Saiz flanqueado por dos miembros de su banda en un directo poderoso y cargado de melodía y temas vocales que son puro neón. Musicalmente una delicia incluso en sus momentos ácidos pero quizá demasiado duro para estas horas con tanta luz. Es probable que hubiera funcionado mejor, del mismo modo que el directo de Cumhur Jay basado en tracks inéditos del turco salvo un edit del 'Strange' de Interfront/Megabeat, con más oscuridad y con la espectacular estampa que presentaba esa carpa cuando caía la noche.


El siguiente directo en este área fue el de Floating Points y por fin puede decir Sam Shepherd que a la tercera va la vencida. Esta vez alejado de sus dj sets llenos de disco, funk, rare-groove, northern soul y house, tuvo que defender su propia música mucho más sintética con un LIVE que a la postre se convertiría en lo mejor de Paraíso. A medio camino entre contactar con los annunakis y momentos puramente pisteros desfloró grandes tracks de su firma como 'Radio' y especialmente 'Nuits Sonores' que sin lugar a dudas fue el punto de inflexión de la jornada. Solo por el momento de desenfreno y alegría colectiva en el segundo subidón de este tema mereció pagar la entrada del festival. De remate se marcó una improvisación en forma de un tema technero que bebía descaradamente del 'End Titles' de Vangelis.

Más arriba habíamos dicho que Paraíso tenía ciertas similitudes con Dekmantel. Nada más obvió que volver al escenario Manifesto y comprobar que se podía ver del tirón a grandes selectores como los propios Dekmantel Soundsystem, Palms Trax y Hunee del tirón. Los primeros sobresalientes, el segundo de matrícula de honor pero el alemán de origen surcoreano se coronó como el rey de la jornada con un set brutal para poner en celo a todo el que estaba presente. Hedonismo musical sin atarse a ningún estilo. Un encebollamiento de los que se recuerdan con un "yo estuve viendo a Hunee en Paraíso".


Para finalizar por todo lo alto la última parada, antes de reponer algo de fuerzas entre la gran cantidad de foodtrucks que podías encontrar, fue el cierre que tenía preparado el alemán Gerd Janson en el escenario Club. El que fuera periodista musical y ahora capo de uno de los mejores sellos de Europa como es Running Back supo a la perfección que lo que tocaba era la fiesta por la fiesta recurriendo a tracks de Deetron por ejemplo pero aportando su sonido alegre pinchando los que por ahora se postulan como tracks del verano. Primero con el 'Neutron Dance' de Krystal Clear y finalmente con el 'Pick Up' de Dj Koze.

En los visuales nos invitaban a volver a la edición del año que viene mientras que uno reflexiona que no sé si Paraíso es el festival que merece Madrid pero desde luego que es el evento que necesitábamos para poder sentirnos orgullosos de que algo así por fin suceda en nuestra ciudad.

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