Motor City Drum Ensemble en Mondo Disko, no hay dos sin tres

Nuevo recital del alemán en su visita a la capital



Francamente, realizar una crónica sobre el paso más o menos periódico (año arriba, año abajo) de Motor City Drum Ensemble por Mondo Disko se antoja cada vez más complicado. Básicamente porque al final el resultado siempre es el mismo. Pueden cambiar los temas pero la energía, la pasión, la fuerza y el disfrute permanece inalterable en prácticamente todos los elementos de la noche. Lo ocurrido el pasado jueves 7 de marzo en la Sala Cocó demuestra empíricamente que si necesitas una válvula de escape para que te olvides de todo y sencillamente te dejes llevar por una acertadísima y divertida selección musical, acude a la cita de Danilo Plessow en el club madrileño. Sin dudas, sin fisuras, sin espacio ni lugar para el error. La sensación de gozadera está garantizada.

Y sí, esto podría ser un texto clónico de los anteriores que hemos escrito, sobre todo de la última visita, sin embargo hay que incidir en algo nuevo que ya se ha apuntado tanto en las programaciones mensuales de Mondo Disko como en nuestra agenda semanal desde septiembre: el muy mejorado sonido de la sala. No sabemos la inversión que se habrá efectuado (tiene pinta a ser muy importante) pero ahora sí que el club puede mirar sin complejos con lo que nos podemos encontrar por Europa. Potente y al pecho, cómo debe ser. Con el eterno problema que arrastraba Mondo solucionado, solo quedaba exprimir a fondo la velada.

Comandando los designios del club estaba Gerardo Niva en labores de residente. El mandamás de Mondo Disko supo ejecutar a la perfección su papel de Cicerone en relación al invitado que traía. Se le notó especialmente motivado y con muchas ganas, no de agradar al público, sino de darse él mismo un homenaje por las ganas y el entusiasmo que puso. En otras palabras: estaba disfrutando del momento como el que más. Y ver esas actitudes siempre suma porque contagia. Todo ello regado de una selección que no desentonó ni un ápice del camino marcado que auguraba la noche. House clásico y con muchos tintes discoides para meter en situación a unos asistentes que poblaron la pista casi al completo antes de las 2 de la madrugada. El primer punto álgido fue cuando sonó 'Work it out' de Karizma, un pelotazo para involucrar a todos por primera vez en comunión y dar paso a un invitado que ya era jaleado cuando hizo su aparición en cabina.

Y en esas llegó Danilo Plessow. Esta vez ataviado con una camiseta que recordaba a otro genio como es Stanley Kubrick (anteriormente fue con una de Basquiat) y de nuevo utilizando más los CDJ que los vinilos. Manipulando la mesa rotatoria E&S DJR 400 comenzó con un vigor house para encender más lo ánimos, si es que eso hacía falta a estas alturas de excitación, y convertir al respetable en feligreses de la religión de Jack.

Si aún continúas leyendo esta crónica y estás esperando que empecemos a recitar los temas que puso como si los niños de San Ildefonso reparten felicidad el 22 de diciembre, vete olvidando de eso. Plessow llevaba un mes y pico sin pinchar -recordemos que esta actuación estuvo inicialmente programada para diciembre del pasado año- y esta noche era su "regreso" a las cabinas. Se preparó su vuelta a conciencia. Cuando Shazam es una herramienta inútil y toda la sesión se convierte en un ir y venir de tracks ID sabes el tipo de dj de raza que tienes enfrente. Aún así sonaron algún que otro tema conocido como un remix de un Floorplan -que tan bien le funcionó en el pasado- y el edit en portugués de los brasileños Selvagem al 'I Feel Love' de Donna Summer -muy recurrente en los sets del de Stuttgart- con el que dinamitó la pista de baile en un éxtasis discoide de los que abruman.


En ese momento nuestras almas ya le pertenecían como si fuera Shang Tsung en Mortal Kombat. A partir de aquí su sesión viró a los sonidos más disco, jazz y world music siempre con la elegancia por bandera pero sin perder ningún momento el pulso y el compromiso por continuar hacer sudar al personal. No había tregua pero tampoco forzaba nada. Una sesión fluida y natural que apuntaló al final con ritmos reggae y soul para amansar a las fieras, aunque daba la sensación de que tanto por él y por el público se podría haber estado un par de horas más disfrutando de las sinergías de la noche. En definitiva, con el mago de Motor City Drum Ensemble no hubo dos sin tres en Mondo Disko.

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