El productor ruso publica nuevo trabajo en el sello de Nina Kraviz
Hay artistas que orbitan una escena y otros que generan su propio campo gravitatorio. Vladimir Dubyshkin pertenece al segundo grupo. Mientras buena parte del techno contemporáneo se afana en pulir fórmulas o en acelerar su caducidad, Dubyshkin sigue caminando de lado, ajeno a inercias y tendencias, firmando música que suena inequívocamente a él. Ese es, quizá, el mayor logro posible para un productor: tener una voz reconocible en un ecosistema saturado de ruido.
Su nuevo disco, Jane Doe’s Secret, publicado en el sello трип (trip) de Nina Kraviz, no hace sino reforzar esa singularidad. Lejos de ser un simple placeholder —como sugiere el título—, este trabajo es una declaración de intenciones futurista, retorcida y cargada de una energía rave tan excéntrica como magnética. Dubyshkin no rellena espacios: los deforma.
Desde los primeros compases queda claro que aquí no hay concesiones. Su música funciona por instinto, uno que roza lo sobrenatural. Donde otros productores ensamblan loops con lógica funcional, Dubyshkin corta voces como si fueran materia orgánica, las mezcla con melodías delirantes —imposibles de anticipar— y construye una especie de circo surrealista en el que todo parece a punto de descarrilar… y sin embargo funciona. El resultado es esa sensación tan suya de que la pista se inclina, el suelo se mueve y el oyente pierde momentáneamente el control.
Jane Doe’s Secret es un disco afilado y futurista, pero también profundamente lúdico. Hay rave, sí, pero una rave mutante, torcida, casi caricaturesca. Los temas avanzan como artefactos imprevisibles, con giros bruscos, humor oscuro y una lógica interna que solo responde a su creador. Dubyshkin no busca el clímax obvio ni el drop complaciente: prefiere el desconcierto, la sonrisa nerviosa, el “¿qué acaba de pasar?”. A eso saben las ocho producciones que entrega el de Tambov. Demuestra que vuelve a estar muy inspirado.
Este álbum se suma a una discografía ya fundamental dentro del catálogo de трип, junto a títulos como Ivanovo Night Luxe, The Botox Queen, Pornographic Novel, Budni Nashego Kolhoza o Cheerful Pessimist. Cada uno de esos trabajos ha ido ampliando un universo extraño y adictivo que solo Dubyshkin parece capaz de cartografiar. Jane Doe’s Secret no rompe con ese legado, pero sí lo empuja hacia un terreno aún más eléctrico y desacomplejado.
El papel del sello de Nina Kraviz no es menor: trip siempre ha funcionado como refugio para voces realmente singulares, y Dubyshkin encarna a la perfección ese espíritu. Aquí no hay techno “correcto”, ni ortodoxia de club, ni respeto reverencial por las reglas del género. Hay riesgo, personalidad y una imaginación desbordada que convierte cada pista en un pequeño acontecimiento.
En tiempos de producción en serie y algoritmos disfrazados de creatividad, Jane Doe’s Secret recuerda algo esencial: lo raro, lo imprevisible y lo profundamente personal siguen siendo revolucionarios. Vladimir Dubyshkin no compite con nadie. Simplemente crea su propio centro de gravedad… y el resto solo puede decidir si se deja arrastrar.

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