El cofundador de Daft Punk firma su segunda actuación en 17 años con un set cargado de nostalgia, sorpresas y un momento íntimo que conmovió al Alexandra Palace
Londres vivió una de esas noches destinadas a quedar en la memoria colectiva de la música electrónica. El pasado 27 de febrero, Thomas Bangalter regresó a los escenarios con su segunda actuación en 17 años, compartiendo cabina con Fred again.. en el Alexandra Palace, como cierre de la ambiciosa gira USB002 del productor británico. El evento, ya de por sí especial por la magnitud de invitados y la expectación generada, se convirtió en algo aún más trascendente gracias a la química entre ambos artistas. Ahora el propio Fred Again.. ha subido el vídeo de esta sesión que no es que quede como uno de los hitos de este año 2026, sino que se recordará como una noche histórica.
Podemos apreciar un viaje sonoro que mezcló clásicos, edits imposibles y momentos improvisados. Desde la icónica energía de 'One More Time' hasta combinaciones arriesgadas como 'Technologic' en múltiples versiones, el set mostró a un Bangalter juguetón, explorador y profundamente conectado con el presente.
Sin embargo, el instante más poderoso y emotivo llegó en la recta final. Bangalter introdujo 'Never the End', un tema firmado por un artista llamado Roxb, que es su hijo Roxan Bangalter. Una producción producida y publicada en 2021 cuando apenas tenía 12 años y que pasó totalmente desapercibida en su momento. La mezcla, además, se fundía con el clásico 'Can’t Do Without You' de Caribou, elevando aún más la carga emocional del momento con el propio Dan Snaith subiendo al escenario.
Pero antes, las cámaras se centraron en un joven que no podía contener las lágrimas mientras su padre lo miraba con una mezcla de orgullo y ternura. Fred again.., testigo directo, lo describió como “quizá lo más bonito que he visto nunca”. No era solo una mezcla más, sino una declaración silenciosa: una forma de poner en valor el talento de su hijo, de reconocerlo ante miles de personas sin necesidad de palabras.
La escena encapsuló el espíritu de toda la noche: una fusión entre lo humano y lo electrónico, entre legado y futuro. En un set donde las máquinas parecían cobrar alma, Bangalter recordó que, al final, la música sigue siendo una cuestión profundamente personal.
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