Solo fuimos a la jornada final para ver a Tiësto y su set de trance, pero cuatro días de festival y 185.000 asistentes explican por qué Medusa juega en otra liga
La duodécima edición del Medusa Festival ha cerrado con 185.000 asistentes acumulados entre jueves y domingo, 5.000 más de los previstos inicialmente, y una sensación difícil de discutir: El evento de masas valenciano ya no necesita reivindicarse como uno de los grandes festivales electrónicos del país porque, por dimensiones y capacidad de convocatoria, se ha convertido en un gigante que juega prácticamente en solitario dentro del universo dance español.
Nosotros, sin embargo, llegamos tarde a la película. Solo estuvimos en la última jornada, el domingo 16 de agosto, con un objetivo muy concreto: ver a Tiësto y comprobar qué quedaba de aquel DJ que convirtió el trance en una religión de masas. Pero entrar en Medusa es aceptar rápidamente que aquí resulta imposible limitarse a un solo artista. El recinto es tan descomunal que cualquier intento de abarcarlo todo termina convertido en una pequeña expedición.
Entramos alrededor de las ocho de la tarde y, después de reconocer mínimamente el terreno, comenzamos a picotear de escenario en escenario. Hasta hubo tiempo para algo que, sorprendentemente, nunca habíamos hecho en un festival: subirnos a una noria. Desde arriba, Medusa adquiere otra dimensión. Los escenarios, las estructuras, las zonas de restauración, las atracciones y las masas de gente se extienden hasta donde alcanza la vista. Es entonces cuando se entiende mejor la cifra de 185.000 personas y por qué el festival se ha convertido en una especie de ciudad temporal junto al Mediterráneo.
Musicalmente, la jornada ofrecía suficientes argumentos para no quedarse plantado frente al Mainstage. En Beach Club, Lucia Gea demostraba por qué es una de las artistas nacionales más sólidas cuando se trata de techno contundente, construyendo una sesión física y directa. En Masters of Hardcore, Furyan jugaba otra partida: hardcore sin concesiones, un público entregadísimo, saltos, patadas al aire y esa energía casi tribal que convierte la pista en un organismo colectivo.
Mientras tanto, Xune abría Resonance con una de esas sesiones que merecen ser reivindicadas. Su gran virtud estuvo en entender el momento. No hacía falta incendiar el escenario desde el primer minuto. Su warm-up avanzó con inteligencia, pasando progresivamente de un tech-house con más house que tech a un sonido donde el componente techno fue ganando terreno. Saber leer las horas y preparar al público para lo que viene también es una forma de arte y, en festivales de estas dimensiones, debería valorarse mucho más.
En el Mainstage, Alvama Ice cumplía con solvencia su cometido: animar el ambiente y elevar progresivamente la temperatura antes de uno de los grandes reclamos no solo de la jornada, sino de toda la edición. Porque Tiësto era, evidentemente, la cita.
Pero antes de eso, hubo tiempo para unos bailoteos bien sudorosos en el espacio Vértigo con los amigos de Wololo Soundsystem. Ahí estaban los buenos de Cortezz y Rizzu dando candela housera para no parar de menear caderas. Unos auténticos currelas multitasking en esta edición del festival. Si leéis esto, se os quiere.
Y si tú lector, has llegado hasta aquí, es el momento de responder a la verdadera pregunta. ¿Qué Tiësto encontraríamos en Cullera tras un cacareado dj set de trance? ¿El superstar global de los grandes escenarios EDM? ¿O habría espacio para recuperar algo de aquella sensibilidad que convirtió In Search of Sunrise y sus sesiones en piezas fundamentales de la cultura electrónica de principios de siglo?
Podemos asegurar de manera rotunda que solo hubo un leve rastro de esto último, y para cumplir con la cuota con su fan más random, pero que al veterano que hace más de 20 años flotaba con sus producciones lo pudo sentir como una puñalada en el pecho. En otras palabras tiró de sus tres clásicos -'Lethal Industry', 'Traffic' (usando 'Berghain' de Rosalía como preámbulo) y 'Adagio For Strings'- que conoce hasta tu vecina del tercero para luego tirar millas por terrenos inescrutables. Es cierto que no tenía porqué homenajearse a sí mismo y que eso se convirtiera en un autobombo constante pero claro tuvo elecciones de hits que él, precisamente ÉL, jamás pinchó en su época trancera. Para un servidor que fue un niño rata-trancero en el primer lustro del milenio, quedaba muy raro a pesar de encajar como un guante en el contexto de un escenario principal de un festival que de facto es el Tomorrowland patrio.
El de Breda pinchó 'Insomnia' de Faithless (creo que debe estar por contrato que debe sonar en el mainstage unas 3 o 4 veces como ocurrió en la edición de 2024), 'Kernkraft 400' de Zombie Nation o 'Domino' de Oxia (que siendo un tema coetáneo de su época trancera jamás lo pinchó en esos tiempos) y lo que me voló la cabeza fue escuchar fue como encajó la vocal del 'Vielleicht Vielleicht' que es un himno de las pistas del denominado hard-techno de nuevo cuño con el 'Toter schmetterling' de Klangkuenstler que es EL HIMNO del género. Fue un reconocimiento y el reflejo de un cambio de paradigma. Seamos sinceros, si vas a ver al Tiësto actual te puedes esperar un 'Thank You (Not So Bad)' de Dido, que lo puso así como su remix a 'Voicemail' de KUKO que se pondrá a la venta esta semana , pero no ese brindis al sol. O quizá sí, en las fiestas de Torrejón puso 'Danza Kuduro'.
Y aquí es donde viene mi desencanto con el anunciado set de trance porque si hubiera sonado un 'Suburban Train', un 'Nyana', un 'In my memory', un 'Flight 643', un 'Magik Journey' o siendo lo más evidente posible su remix del 'Silence' de Delirium (que también conoce tu vecina del tercero) mi adolescente interior se hubiera visto saciado. Tijs tiene pelotazos sin tener que recurrir a cosas requemadas de terceros que no sé hasta qué punto entra en lo que se pude considerar trance.
Hay que hacer mención que el escenario recordaba constantemente que Medusa no es solamente música. El Mainstage, con sus 105 metros de ancho y 27 de alto, convertido este año en una fantasía inspirada en las mitologías hindú y budista bajo el concepto APSARAS, es prácticamente una declaración de intenciones. Fuegos artificiales, drones luminosos, efectos audiovisuales y una producción de escala monumental hace de este festival algo espectacular. Su bonita ceremonia de apertura tras el set del holandés es digna de admirar. Además, luego vino la sorpresa: todo un DJ Pepo -que es Dios por su omnipresencia festivalera- como invitado especial sin anunciar para pinchar techno sin cortapisas durante una hora escasa en el escenario más comercial. Movimiento arriesgado que salió bastante bien. Las cosas como son.
En el terreno artístico la siguiente parada fue el escenario Resonance donde un Hugel estaba poniendo su house tan simplón como efectivo con un momento cumbre al sonar su pelotazo 'Jamaican (Ban Ban)' en el que samplea sin contemplación a la jamaicana Sister Nancy y toma prestado elementos del 'Coolie Dance Rhythm' de Cordel "Scatta" Burrell. El francés también debe de tenerle gratitud eterna a Borja Iglesias DJ por hacerlo sonar en plenas celebraciones en Cibeles del segundo Mundial de España. La gente se lo bailó muy a gusto. Mención a parte la cantidad de mujeres que tenía detrás de cabina. Muy Gordo vibes.
En el mismo escenario se puso un Franky Rizardo que oposita a ser el nuevo rey Midas del tech-house con aroma ibicenco. Un set que dio lo que prometió y que quitando los temas donde abusaba de vocales latinas me pareció de lo mejorcito del festival especialmente cuando puso algún clásico como el 'Music is the Answer' de Celeda o su temazo 'Shinjiku' que anima hasta a un muerto con ese bajo bien engrasado.
Como tuve un gran sabor de boca fue el momento de la retirada pero eso no me hace ver que la dimensión alcanzada por Medusa también se explica fuera de los escenarios. Durante cuatro días reunió a 150 DJs repartidos en nueve escenarios y consiguió congregar hasta 56.000 personas simultáneamente el sábado, récord histórico del festival. El calor obligó a reforzar los servicios de hidratación con 350 puntos de agua fresca y suministro gratuito, mientras que la tormenta del sábado retrasó la apertura de puertas, aunque finalmente no impidió la continuidad del evento. Con cerca de 1.000 agentes, sanitarios y auxiliares desplegados, el festival cerró sin incidentes graves.
La cancelación de Carl Cox por problemas con su vuelo fue probablemente una de las grandes decepciones de la edición. Pero ni siquiera eso pudo empañar un balance extraordinariamente positivo. Y el domingo todavía quedaban nombres como Timmy Trumpet, Marco Carola, Adam Beyer o Sara Landry, encargada del cierre a las 6:30 de la mañana. Nombres como Fátima Hajji, Wade, Steve Aoki, 444 Four Of A Kind, Vendex, Aarón Sevilla, Adrián Mills, Fantasm o Nico Moreno habían dejado su huella durante los días anteriores.
Medusa ya forma parte del paisaje económico y turístico de Cullera. Hoteles y alojamientos completos, calles llenas y miles de personas desplazándose por la localidad convierten el festival en algo mucho mayor que cuatro jornadas de música.
Nosotros solo vivimos un día para volver a comprobar que Medusa es una maquinaria de entretenimiento, una ciudad efímera, una feria electrónica gigantesca y, sobre todo, un evento que todavía parece tener margen para seguir creciendo. Desde estas líneas volver a agradecer a Ibai su trabajo con los medios de comunicación haciendo toda la cobertura muy sencilla y fácil.
La próxima cita ya tiene fecha: del 12 al 16 de agosto de 2027. Y antes, Medusa viajará a Madrid con Blizzard: La Ciudad del Hielo, una aventura invernal que llegará a IFEMA el 5 de diciembre. Si algo ha demostrado Cullera este verano es que el gigante no tiene intención de frenar.



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