La artista rusa regresa a трип con un single de dos versiones que combina pulsión hipnótica, electrónica de raíz Detroit y una personalidad experimental vocal que sigue siendo marca de la casa
La vida es lo que pasa mientras esperamos que Nina Kraviz publique su esperado tercer álbum del que supuestamente ya nos entregó hasta tres singles entre 2021 y 2023. Mientras tanto ha ido dejando diferentes tracks con su firma pero sin especificar si pueden formar de algo más grande en el futuro o es puro divertimento y los concibe como herramientas para la pista de baile. Así podríamos definir su última producción, 'different nicky', publicada el pasado viernes a través de su Bandcamp y que solo ve la luz en formato digital.
Tras adentrarse en un nuevo subsello discográfico este mismo año, en este lanzamiento para трип deja a las claras lo que la siberiana plantea: un track que bajo su aparente simpleza se mueve entre lo físico y lo cerebral. En cierta medida nos recuerda a algo que ya hizo en aquel 'stranno stranno neobjatno' de 2019. Kraviz encontró su propia fórmula y lo que hace con los años es perfeccionarla sin quedarse demasiado tiempo en el mismo sitio.
En 'different nicky' encontramos dos versiones de una misma idea que se mueven entre el techno, la electrónica de raíz Detroit y una sensibilidad cercana al IDM, confirmando que la rusa continúa entendiendo la pista de baile como un espacio de exploración y no como un territorio de respuestas fáciles. Un track ideado para que funcione en un club pero sin renunciar a cierta extrañeza.
Una producción que se instala precisamente en ese punto intermedio. No busca el impacto inmediato ni necesita recurrir a grandes artificios para llamar la atención. Su fuerza está en cómo los elementos van encontrando su sitio hasta generar una tensión que se mantiene prácticamente intacta durante todo el recorrido.
La versión original, de casi cinco minutos, avanza con una lógica hipnótica en la que el groove tiene tanto peso como la atmósfera. Kraviz trabaja el espacio con inteligencia, dejando que los sonidos aparezcan, se repitan y se transformen sin saturar la composición. Hay algo deliberadamente crudo en su construcción, pero también una dimensión psicodélica que evita que el track se convierta en una herramienta funcional más. Y todo eso aderezado con su lucidez vocal para crear atmósferas sensuales y narcóticas.
La producción tampoco busca esconder sus mecanismos. Al contrario, deja que la textura y la repetición formen parte de la experiencia. Es música que parece sencilla cuando se escucha por primera vez y que revela nuevos detalles cuanto más tiempo pasa uno dentro de ella. La alternative version, que amplía el recorrido hasta los 5:20, no funciona simplemente como una repetición de la original. Sirve para explorar otra lectura del mismo material y ampliar el margen de maniobra de un track que parece diseñado para encontrar diferentes contextos dentro de una sesión.
Y mientras seguimos esperando ese LP, Kraviz vuelve a demostrar que todavía se puede hacer techno con personalidad sin necesidad de gritar. Basta con crear una atmósfera, darle tiempo para crecer y confiar en que la pista hará el resto.
Así suena:

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