Por Sara El Harti
¡Otro día más en la oficina! Cuando recibí la invitación "Sala Groove presenta una nueva etapa", esperaba un correo con un PDF adjunto y un montón de datos y flyers de futuras fiestas. Pero era una invitación de verdad: a un cóctel con artistas, medios, promotores y empresarios del sector.
Confieso que no conocía esta sala con más de dos décadas de historia. Shame on me. Pero desde el 23 de septiembre eso ha cambiado, para mí y, seguramente, para muchos profesionales de la industria del ocio. He estado en conferencias como publicista bastante peor organizadas. Desde la recepción pudimos disfrutar del exterior, con amplias zonas de chill out donde tomar vino y charlar con amigos y colegas, en un ambiente bucólico y cuidado.
Como si el despliegue no bastara, la música corrió a cargo de uno de los DJs del momento: Michael Rod conocido anteriormente como Michenlo. Por lo que pudimos charlar con él, está tan ilusionado con su nueva etapa como la sala con la suya: nuevo nombre, misma filosofía de hacer vibrar al público y de que cada set sea memorable. Y a Michael sí lo conozco, así que doy fe de que así es y así seguirá siendo.
Volviendo a Groove: conocimos al nuevo equipo, la programación renovada y, sobre todo, hacia dónde apunta su brújula: más proyectos, más marcas, más promotores. Incluyendo la celebración de eventos deportivos. Abrazar el cambio para volver a colocar la sala como espacio de referencia de la electrónica y el ocio nocturno en la Comunidad de Madrid. Rumbo claro, y se nota.
Los números acompañan. La Main Room admite 2.200 personas, con dos barras de 15 metros (que en una crónica de electrónica se agradecen) y ropero para más de 1.000 prendas. Puede dividirse en dos salas independientes para que convivan formatos distintos, y suma terraza, carpas, backstage, camerinos, cocina y parking para más de 400 vehículos. Fácil imaginarla para fiestas de electrónica, eventos corporativos y muchísimas celebraciones más.
Y que conste en acta, sin presión ninguna: si esta humilde crónica llega a la dirección, si algún día me caso, espero un pequeño descuento para hacerlo en vuestro espacio. Y si Michael Rod quiere pinchar unos temas, queda invitadísimo por adelantado.
En pocas palabras: nos fuimos con muy buen sabor de boca (los comentarios entre los asistentes fueron igual de positivos), y no solo por el delicioso catering. Ahora toca esperar las nuevas fechas de la sala, y yo ya tengo ganas de echarme unos cuantos bailes más por ahí.
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