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viernes, 3 de marzo de 2017

The Night Land de Talaboman, la contorsión del neón

Desentrañamos el álbum retorcidamente noctívago de John Talabot y Axel Boman en R&S

Pues sí, ya está aquí entre nosotros The Night Land que supone el álbum debut de Talaboman, el dúo formado por el barcelonés Oriol Riverola aka John Talabot y por el sueco Axel Boman. Un disco ante todo especial. ¿Sobresaliente? Puede que no, pero desde luego especial es el término más acertado que se le puede aplicar a un trabajo que viene de las mentes pensantes de dos de los sellos más interesantes del panorama internacional como son Hivern Discs, que comanda el catalán, y Studio Barnhus del que Boman es uno de sus tres capos. Curiosamente es una tercera etiqueta la que publica el LP y es toda una institución como es R&S (quizá junto con Warp, Ninja Tune o Border Community el único lugar donde podría ver la luz una referencia tan singular) que curiosamente está a medio camino entre Barcelona y Estocolmo. Todo encaja.


The Night Land es el tributo interiorizado que esta pareja rinde a la noche; y en la noche uno puede encontrar muchas cosas menos pretensión. La noche es diversión, evasión y viaje, hay que partir de ese punto para analizar un álbum concebido como un divertimento entre dos amigos que se reunen de cuando en cuando y quieren plasmar sus ideas locas del momento en música hecha con sintetizadores, máquinas y ordenadores. No hay que buscar ideas conceptuales abstractas, ni mensajes ocultos, ni siquiera un sentido solemne al mismo. Porque más allá de una intro chamánica como ‘Midnattssol’ -donde se destapa el Boman más tropical que nos retrotrae a los pasajes más tranquilos de Family Vacation y el Talabot más selvático y misterioso desde su 'Depak Ine' y su remezcla al 'Sex Drive' de Jimmy Edgar- y un broche final como es 'Dins el Llit'-un track que lleva tatuada la palabra mañaneo y que es una invitación a marcharnos del garito de turno con las luces encendidas- estamos ante un LP bastante inconexo si se mira como un todo. Y ahí radica su talón de Aquiles porque al igual que en la noche hay momentos de euforia, también hay bajones, y estos últimos son los que rompen el ritmo y hacen que el disco, que en absoluto es una compilación de hits revientapistas al uso, se resienta al no saber muy bien a qué a atenerte. Dicho de otra forma, cada pieza individual es un viaje en sí misma pero la suma de todas tiene la misma orientación que la brújula de Jack Sparrow.

Todo esto no significa que la obra no sea plenamente disfrutable por no saber por dónde te van a llevar. Ese cariz de vaivenes de un LP de tan solo ocho temas (la versión japonesa cuenta con un noveno y largo track ambiental que, se hace demasiado denso) tiene su explicación en que estos cortes han sido los únicos compuestos y terminados por ambos en el mismo estudio en una serie de encuentros entre el sueco y el catalán en sus respectivos estudios en Estocolomo, Barcelona y, finalmente, Gotemburgo. Y este proceso a la hora de componer es vital en el devenir del disco y de donde más jugo se saca. Nada de comenzar un track juntos y que lo remiende uno u otro de forma individual. Talaboman es un ente y un sonido a parte de sus carreras en solitario de los artistas y es la idea que quieren transmitir. Una actitud que les honra porque ofrecen un producto honesto como creadores.


En este punto llega uno de los grandes aciertos de The Night Land ya que hay dos formas de escucharlo. La primera es que, efectivamente, estás ante algo nuevo; donde se apuesta por un sonido que en sus tramos más pisteros la velocidad no sobrepasa los 120 BPM´s siendo casi la excepción de la norma. Un trabajo dedicado a la noche que en ningún momento va a degüello y que opta por formas más suaves y tranquilas donde las melodías ensoñadoras tienen mucho que decir. Busca la seducción en lugar de la explicitud. Posiblemente 'Samsa' o 'The Ghost Hood', por poner los dos ejemplos de música más pensada para pista por su velocidad, no tienen hechuras de un hitazo convencional pero probad a pincharlos en vuestros equipos y comprobad como tienen ese aura mágica para engatusar a cualquiera. O escuchad la ya conocida 'Safe Changes' y que el cerebro te explote pensando si no es un descarte de The Inheritors de Holden, sampleados vocales finales a parte. Por no hablar de la lacónica atmósfera de 'Loser's Hymn' que engancha desde el primer momento.

La segunda forma de escuchar el álbum es precisamente al contrario de lo que quieren sus creadores. Si eres fan de ambos te va a ser indisoluble intentar buscar y diferenciar los matices que aporta cada uno. Y aunque siempre parece haber un equilibrio en busca de un sonido que se desmarque de ellos, en ese sentido es mucho más palpable una ligera posición dominante de un toque más talabotiano (incluso la sombra de Pional sobrevuela en algún tramo melódico) que del sueco. Mi teoría personal es que el sonido Boman -imposible de ocultar en cosas como 'Samsa' o 'Brutal Chugga-Chugga'- pasa más desapercibido porque el propio sueco se reconvierte en este proyecto en algo más eléctrico y visceral y no tan orgánico y suave; siendo el complemento perfecto a la calidez y a veces epicidad popera del catalán. En su Instagram últimamente se comprueba como juega con cacharraje modular y puede que por ahí vayan los tiros.

En definitiva, The Night Land es un notable y noble ejercicio que bebe de muchas fuentes y que te zambulle en un imaginario psicodélico donde las luces de neón, -tan nocturnas, tan atractivas y tan canallas- están en continua contorsión. Y hay que tener asumido que aquí no hay líneas rectas, todo son curvas. Espirales sonoras que te invitan a no pensar en el destino, solo a disfrutar de un camino que no sabes dónde te va a llevar.


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